LIBRE EMPRESA O EMPRESA LIBRE
¿Dos caras de una misma moneda?

En nuestro medio, tanto económico como social, hablamos mucho de la libre empresa, es de hecho una de las bases del modelo capitalista en el que nos movemos. El modelo neoliberal que en nuestra nación se está aplicando, depende en gran medida de este concepto, que por cierto, no es realmente entendido por el común de las personas. La libre empresa es un “Sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la gestión empresarial libre y autónoma del control estatal, donde la asignación de los recursos productivos se realizan en forma descentralizada obedeciendo a las decisiones de miles de agentes económicos que actúan guiados por su propio interés. No obstante, el Estado fija ciertas leyes y normas que regulan los límites de acción de los agentes económicos privados. Regulaciones que no son discriminados y a las cuales todos deben someterse”.
Como se ve, la libre empresa está basada en la propiedad privada de de los medios de producción, lo cual, inevitablemente, lleva a la acumulación del capital. Además existe en la definición la noción de que la asignación de los recursos obedece a las decisiones de agentes económicos externos a la empresa, que de alguna manera determinan las posibilidades o limitaciones que la empresa presenta para sí misma y sus diversas audiencias. Este planteamiento, no es muy diferente del determinismo que se pretende imponer al hombre común ya sea de índole físico, psicológico, o económico. Determinismo, que, por otra parte, muchas veces el hombre mismo está encantado de aceptar, ya que le libra de la responsabilidad inherente a aceptar la libertad de sus acciones. No es descabellada la comparación entre la empresa y el ser humano, ya que estos son fenómenos isomórficos. Si consideramos a la empresa un objeto social y por lo tanto un sistema abierto al medio vemos como por la ley del isomorfismo, hereda de sus componentes humanos las características propias de estos (Schlemenson 2002). Estas características, entre otras, pertenecen a la Ontología dimensional humana establecida por Víctor Frankl en su teoría (Frankl 1994) la cual consta de tres dimensiones a saber: Física, Psicológica y Espiritual.
La comparación entre estas tres dimensiones del ser humano y las dimensiones de la empresa, será tema de un trabajo diferente, baste por ahora decir que una de las características propias del ser humano es la libertad frente a las diversas situaciones. “…el devenir de una persona no depende ni de la predisposición ni del entorno, ni de lo que la herencia le haya deparado, ni de lo que en su educación le haya tocado en suerte, sino que, al fin y al cabo, todo esto depende de la propia persona, todo se deja la criterio de su propia decisión y, dentro de los límites que las condiciones y las circunstancias le permitan, ésta decisión será una decisión libre. Es decir, el hombre no está libre de circunstancias, biológicas psicológicas y sociológicas, pero siempre es y será libre para adoptar una postura frente a todas estas condiciones y circunstancias, ya sea resignándose a ellas o ya sea superándolas, haciendo uso del poder de obstinación de la mente.” (Frankl 2000). Además de esto, es indiscutible que, desde una visión existencial, el ser humano siempre y en toda situación elige, no solo está en la posición de elegir, sino que esta obligado a elegir. “el Hombre esta Condenado a su libertad” (Sartre citado por Gajate 2001). Pero, si la libertad, como lo planteábamos más arriba, nos permite la opción de enfrentarnos a las situaciones y superarlas, ¿porque hablamos de ella como una condena?, ¿porque considerarnos condenados a elegir, si finalmente esta “condena” nos permite alejarnos de aquello que nos limita?. Por dos razones. Primero por que aún el no elegir en cualquier situación constituye en si mismo una elección. Es decir, no importa lo que hagamos, siempre finalmente es por nuestra propia elección. Segundo porque si nosotros consideramos que somos siempre dueños de nuestras decisiones y que independiente de nuestros condicionamientos nunca estamos determinados, ello implica que nadie más puede responder por nosotros, nadie más puede ser culpable y sobre todo nadie nos puede decir que hacer de tal manera que nos “toque” hacerlo, pese a la opinión de los otros nosotros somos quienes en último término tomamos la decisión, para bien o para mal, pese a las leyes, las normas o los consejos, es siempre nuestra decisión, no hay normas universales ni nada que nos obligue a actuar o detenernos. Por lo tanto estamos solos, mortalmente solos. Esta soledad derivada de la libertad, es definida por Erik Fromm (AÑO) como el proceso de individuación, es decir, el proceso de reconocimiento de cada ser humano como un sí mismo único e independiente de los demás, un ser completamente diferenciado. La diferenciación es la causa del miedo a la libertad, por lo cual buscamos refugiarnos en el determinismo u otras estrategias para alejarnos del terror existencial que comporta el reconocimiento de la propia individualidad.
A la empresa le pasa algo análogo, isomórfico si se quiere, al heredar de los elementos humanos que la componen sus características hereda también su libertad, ya no hablamos entonces de una libertad de empresa sino de una empresa libre, una empresa que tiene la posibilidad de tomar posición frente al mundo que la rodea, frente a sus circunstancias. Si al hombre le corresponde el destino como un hecho ya dado y predefinido sobre el que no tiene control (Frankl 1978), a la empresa le corresponde el mercado y el entorno económico en el que se mueve. Y al igual que frente al destino personal el hombre esta capacitado para enfrentarlo y superarlo, frente a las condiciones del mercado y el entorno, la empresa también tiene la capacidad de sobreponerse y manejarlo de una u otra forma, de tomar posición frente a lo que el mercado exige y a las condiciones a las que se enfrenta. La empresa libre es un concepto que implica el hecho de que no es el medio económico el que determina, como veíamos arriba, la distribución de los medios de producción, y las posibilidades de la organización sino que los condiciona. El condicionamiento del mercado, es al igual que el condicionamiento del destino, mero marco de referencia, para el desarrollo de la potencialidad existencial, de la capacidad de crecimiento y desarrollo personal que se puede derivar de la acción organizacional y de los miembros que la componen.
La empresa libre implica aceptar que la empresa, como organismo vivo y abierto al medio, debe tolerar la incertidumbre propia de la capacidad de asumir la realidad que la circunda y tomar los riesgos necesarios para avanzar en la dirección que considera adecuada y que permite asegurar la perdurabilidad de la misma en el tiempo. La proyección de la empresa en el corto plazo lleva a resultados inmediatos que desaparecen conforme las tendencias del mercado cambian o los actores sociales involucrados en la cadena de valor se movilizan. Ejemplo de esto son los elementos contenidos en las cinco fuerzas de Porter (poder de negociación del proveedor, poder de negociación del comprador, amenaza de productos sustitutivos, Amenaza de nuevos entrantes, Rivalidad entre competidores). (Porter 1979). Cuando estos elementos se movilizan, lo cual sucede con frecuencia cada vez mayor, las empresas enfocadas en el corto plazo corren el riesgo no solo de reducir sus utilidades sino de sacrificar su existencia. Una planificación a largo plazo, implica poder establecer una posición frente a las situaciones del mercado actual, tal que permita no solo la permanencia actual sino la permanencia futura de la organización. Es decir, implica posicionarse frente a las limitaciones actuales que tiene la empresa en el mercado con una visión de sentido, de trascendencia en el tiempo, tanto desde lo financiero de la organización como desde lo personal de los individuos que la conforman y que puede garantizar que en el largo plazo la empresa se consolide. Escudarse en la crisis o en las condiciones actuales del marcado para no tomar decisiones difíciles como modificar el modelo de negocio, o las políticas de personal o el desarrollo de nuevos productos, es decir, caer en el juego del determinismo empresarial, no solo no garantiza la supervivencia en el largo plazo, sino que es el equivalente a nivel personal a echarle la culpa de todos mis desaciertos y dificultades en la vida a mis padres o maestros o simplemente a la mala suerte. En ninguna de las dos situaciones, podemos esperar que haya una superación de las dificultades sino, más bien, una profundización de la crisis por la incapacidad de afrontar los cambios que el medio plantea. Por esto la empresa libre no es la otra cara de la moneda de la libre empresa, es más bien el cambio de paradigma necesario para abrir el camino a los desarrollos que permitirán una nueva empresa para el nuevo mundo que cada día vemos avanzar.
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